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 Puerto Rico, el Caribe más selecto

[ RCNB magazine nº 40 - Primavera 2009 ]

bimedallista olímpica y socia del RCNB

uando Cristóbal Colón llegó a Puerto Rico en 1493 escribió en su cuaderno de bitácora: “Todas las islas son muy hermosas... pero esta última parece superar a todas las otras en belleza”. Y bien parece que su atractiva estética y su posición estratégica en el Caribe, más que su escasa riqueza en oro, han sido envidiadas a lo largo de los siglos. Ni viejos lobos marinos como Sir Francis Drake o el capitán John Hawkins y sus corsarios, ni las armadas británica, holandesa y francesa, lograron doblegar este pedazo de tierra a pesar de que lo intentaron repetidamente.

Puerto Rico es más que el sempiterno Caribe de sol, playas de blanca arena y cielo azul. Es entretenimiento, deportes acuáticos y vida nocturna, entrañables pueblos interiores y naturaleza, cultura e historia en un país cosmopolita y dinámico. Extensas playas de palmeras, abruptas cadenas montañosas, zonas semidesérticas, tradiciones y ciudades coloniales, pueblos con encanto, naturaleza protegida y lujosos hoteles. Ciudades coloniales como el Viejo San Juan o Ponce, vegetación exuberante como El Yunque, curiosidades naturales como las bahías luminiscentes, ciudades cosmopolitas como San Juan, playas de arena blanca y palmeras como la Playa de Luquillo... Nunca en un espacio tan pequeño se han acumulado tantas bellezas.
Los pasos del visitante Puerto Rico presume de ser la isla más alegre del Caribe, el país de los estímulos, paraíso de ron, café y bailes hasta la madrugada... Tan sublime como los dioses protectores que vigilan sus playas salvajes y tropicales.

La visita a Puerto Rico suele, y debe, comenzar por el viejo San Juan, la parte más antigua de su capital. Los pasos resuenan de un modo especial sobre las brillantes calles de la ciudad. Hay una explicación física: los adoquines que las forman son de mineral de hierro y eran usados como lastre en los galeones españoles. Por eso tienen una atractiva tonalidad azulada, por eso son tan resbaladizos cuando la lluvia ha caído sobre ellos. Pero es mucho mejor la explicación sentimental: el ruido de lo pasos rebota en las paredes de las casas coloniales evocando los mismos sonidos que se han repetido en este lugar desde hace más de quinientos años.
Las dos fortalezas, San Cristóbal y El Morro, que defendieron la ciudad contra corsarios y piratas, parecen haberla preservado también del paso de los siglos. La Fortaleza, construida en 1540 para defender la ciudad de los frecuentes ataques de los indios caribes de otras islas, es hoy la residencia oficial del gobernador de Puerto Rico y el edificio más antiguo de uso público del Nuevo Mundo.
Recorriendo la isla En la isla se puede encontrar, en una corta distancia, lo mejor del mundo natural y el urbano. Y aunque la vida de la ciudad es lo bastante frenética para olvidar las aguas azules y la arena caliente que rodean al viajero.
A lo largo de sus cientos de playas desparramadas en 414 kilómetros de costa, se pueden practicar todo tipo de deportes acuáticos y gozar de sus limpias arenas y cálidas aguas. Entre las más populares están las de Luquillo y Vega Baja, en las cercanías de San Juan. Pero si se quiere algo más exclusivo, nada como acercarse a la isla de Vieques, al este de Puerto Rico, donde están las bahías Bioluminisciente y Mosquito, y se produce uno de los espectáculos más singulares del mundo. Gracias a los microorganismos que habitan en sus aguas, tras la puesta de sol, las aguas se iluminan y brillan con una azulada fosforescencia más propia de relato de ciencia ficción que de una isla caribeña. La paz y tranquilidad que se respiran en este islote son perfectas para descansar, tomar el sol en sus playas o bucear entre sus coloridos arrecifes llenos de vistosos peces y criaturas marinas que de vez en cuando se cuelan por los orificios de los viejos galeones hundidos.
Isla de Culebra no tiene nada que envidiar a la anterior. Es un verdadero paraíso para los amantes de los deportes marinos, sobre todo los subacuáticos gracias sus arrecifes de coral, de los mejores del Caribe, y sus playas de arena fina y aguas cristalinas, donde además de broncearse pueden verse varias especies de aves y tortugas marinas.

En el interior
La sierra de Luquillo, muy cerca de la capital, alberga una de las maravillas naturales de Puerto Rico y de todo el Caribe, conocido como El Yunque. En ningún otro lugar de la isla podía, según los taínos, habitar el dios de la felicidad. Su exuberante vegetación, dominada por los helechos, que abrazan a pequeñas y espectaculares cascadas, alberga una amplia variedad biológica.

En el otro extremo de la isla se encuentra Ponce, la segunda ciudad en importacia recientemente restaurada, es un verdadero tesoro arquitectónico en el que se mezclan estilos y épocas. Su casco antiguo, del siglo XVII, es una amalgama de iglesias, casas coloniales, plazas y pintorescas fuentes.
La catedral de Guadalupe proyecta su sombra sobre la Plaza de las Delicias, auténtico centro de esta ciudad de la costa sur que alberga el muy interesante Museo de Arte. Callejeando, se descubren pequeños conventos, casas de bellos balcones enrejados o deliciosos coches de los años cincuenta bajo el cálido sol caribeño.

La pintoresca Villa de San Germán, al suroeste de la isla, conserva gran parte de la arquitectura y el encanto de las ciudades coloniales españolas. Resultan especialmente interesantes las elegantes mansiones de la ciudad y la iglesia de Porta Coeli.
 

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