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Las monedas, además de un sistema de intercambio económico, proponen una aproximación a la sociedad, sus formas de interrelación, sus mitos y sus dioses. Las iconografías acuñadas muestran personajes, animales y objetos que nos remiten a un tiempo pasado. La colección de numismática del Museo Nacional de Arte de Catalunya conserva monedas vinculadas al mar.
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La cultura griega creó la moneda como un intercambio de pago, para ser adoptado finalmente por todos los pueblos como hicieron los fenicios y los romanos. El Mare Nostrum era la autopista de la época y fueron muchas las iconografías utilizadas en las que se representaban timones, proas de naves, litorales, animales marinos y divinidades como Poseidón o figuras alegóricas como la Victoria de Samotracia.
Igual que los textos de geógrafos o historiadores y los restos arqueológicos encontrados, las monedas y sus inscripciones son el único testigo de lo que fueron algunas ciudades. “Las imágenes que ornan las monedas nos hablan de las creencias, divinidades y animales mitológicos y marinos que regían los pueblos”, asegura Marta Campo, jefa del Gabinete Numismático de Cataluña que transmite la información de la moneda acompañada de una buena dosis de asión. De la misma manera que el conservador Albert EstradaRius, que afirma “Cada moneda tiene una historia del pasado y aunque en ocasiones se pueden considerar obras de arte esculpidas por un artista, su distribución es seriada”. Las monedas representan el diseño, la estética, la moda y el arte de una época, motivo de más para valorar las colecciones numismáticas.
La historia de la moneda en la Península “En la península ibérica el conocimiento de la moneda llegó a partir del siglo V a.C., gracias a las relaciones comerciales que mantenían los pobladores de la franja litoral nordeste con los mercaderes griegos y fenicios”, asegura Marta Campo. En un primer momento los ibéros las utilizaban como objetos de lujo, y no fue hasta la II Guerra Púnica, que enfrentó a los romanos y a los cartagineses, que la moneda se adoptó como fórmula de pago.
La zona del levante de la Peníncula fue la primera en que los nativos acuñaron monedas propias. Tendencia acentuada con la llegada del Imperio Romano que introdujo la producción en serie de las monedas, normalmente elaboradas en plata, con inscripciones ibéricas.
De mayo de 2009 hasta 2010 se expone en el MNAC, la muestra “Los íberos. Cultura y moneda”. Un testimonio magnífico de la historia de la Península Ibérica entre los siglos VI y I a.C. En ella se descubren muchas leyendas de una época importante de nuestro pasado. Los interesados en animales marinos podrán ver el reverso de algunas monedas de la época acuñado con delfines, atunes, almejas, conchas y pechinas de mar que se han descubierto como ofrenda a la veneración de los dioses por sus llamtivos colores y sus sinuosas formas.
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