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 Javier Valencia, Capitán Maritimo de Barcelona, 24 horas con la vista al mar

[ RCNB magazine nº 36 - Primavera 2008 ]

Con el mar en el alma y en la profesión, Javier Valencia, Capitán Marítimo de Barcelona, nació en Pamplona y pasó su infancia en San Sebastián, ciudad ésta de la que recuerda la mar rompiendo en el Paseo Nuevo.

También ama la música, impresa en su ADN por ser nieto del maestro Alonso, compositor de célebres zarzuelas, musicales y canciones. ¡Quién no recuerda ‘el pichi’, ’los nardos’ o ‘el Maitechu mía’! Valencia vivió en Madrid, Cádiz, Coruña, Valencia, Tarragona… ‘Así no hay quién se sienta de ningún terruño…’, confiesa. Desde hace dos años y medio, volvió a izar sus velas en Barcelona como responsable máximo de lo que pueda suceder en aguas de su Capitanía. Para lo bueno y para lo malo, sus horas están a disposición del mar.

Quince años son los que Javier Valencia lleva dedicados a la seguridad en el mar, lo que le permite conocer bien la profesión y sus entresijos. Todo un equipo de personas distribuidas en departamentos está a su cargo: inspección de seguridad marítima, prevención y lucha contra la contaminación, registro y matriculación de embarcaciones, titulaciones de los marinos profesionales, además de la inestimable colaboración de Salvamento Marítimo cuando sucede algún incidente o emergencia en el mar. Se formó en Ingeniería Naval en la Universidad Politécnica de Madrid, “la única en la que entonces era posible estudiar esta carrera”, puntualiza, “pero actualmente las posibilidades se han ampliado y ya son muchos los centros en los que se pueden cursar estos estudios”. Al finalizar la formación trabajó en Astano y Astilleros Españoles y Sener, consulting de informática naval y diseño de buques mercantes, y asegura
que fue uno de los pocos de su promoción que consiguió trabajo relacionado con la ingeniería naval y los barcos mercantes “porque era muy mala época para el sector”, dice. En 1993 opositó para la Administración Marítima, se formó como Inspector de Buques, y tras ejercer
unos años en Barcelona se trasladó a Valencia y más tarde a Tarragona. En 2005 se puso al frente de la Capitanía Marítima de Barcelona, puesto en el que permanece.
“Es difícil explicar qué es un Capitán Marítimo a la gente en general, y si vive en la meseta, todavía más”, asegura Javier Valencia, por ello la responsabilidad que acarrea sobre sus espaldas es desconocida por la mayoría de personas.
“Superviso el mar fuera de la costa”, aclara. Es decir, es el responsable de los buques y sus tripulaciones en el mar, tanto de embarcaciones de recreo como de barcos de pesca, pasajeros o buques mercantes. El buen estado de los buques y embarcaciones, que estén correctamente tripulados y que no realicen maniobras, operaciones o vertidos que puedan perjudicar la seguridad marítima o el medio ambiente marino son algunas de sus competencias. La Capitanía Marítima vela por la seguridad de la navegación, la prevención de la contaminación, la inspección técnica de la flota civil española y la supervisión y control de los buques extranjeros que recalan en el puerto de Barcelona. “Para no confundir responsabilidades, hay que dejar muy claras las funciones de la
Autoridad Portuaria y de la Capitanía”, puntualiza. El Capitán Marítimo supervisa la actividad náutica del puerto en lo que se refiere a las maniobras de los buques, ayudados por los prácticos del puerto y por los remolcadores y amarradores. Tiene una función decisoria cuando los buques
transportan mercancías peligrosas. “Además”, dice Valencia, “no puedo ser funcionario de los de 8 a 3 porque cuando suena el móvil y llama el Centro de Salvamento Marítimo, y hay un incidente que podría ser peligroso o un accidente en el mar, hay que tomar las decisiones iniciales. Eso es lo que se espera de mí”.

Afluencia portuaria

Actualmente, con un invierno poco lluvioso, el tema del agua potable está en boca de todos. Valencia asegura que el Puerto de Barcelona ya está preparado para recibir el agua que pueda abastecer a la ciudad. Unas costosas instalaciones y unos muelles especiales forman parte de la
logística necesaria para que amarren el tipo de buques que deberían transportarla.
Por otra parte, la afluencia en los puertos aumenta sin parar, y Javier Valencia asegura que “diariamente recalan una media de 30 barcos de gran eslora en Barcelona”. Estos barcos requieren condiciones, servicios e instalaciones supervisadas por la Capitanía Marítima, de esta manera el
tráfico se desarrolla con seguridad, tanto en la entrada como en la salida de puerto y en las maniobras. La Capitanía trabaja estrechamente ligada a la Guardia Civil del Mar y Salvamento Marítimo en casos de incidencias graves.
“Las relaciones con otros puertos españoles o extranjeros son muy buenas” añade, “teniendo en cuenta que en este puerto los contenedores son los niños mimados. La mayoría de los buques que los transportan llegan de Extremo Oriente, pasan por el Canal de Suez hasta recalar en España y toman rumbo América por el Estrecho de Gibraltar. El tamaño de estos barcos no para de crecer”. Por otra parte, la afluencia de turismo aumenta en las ciudades con puerto y en 2008 se prevén visitas a Barcelona de dos millones de personas embarcados en buques de pasajeros
de grandes esloras, auténticas ciudades a flote, y buques de línea regular a Italia y Baleares.
También ha crecido el número de regatas que se desarrolla en el litoral barcelonés o que parte desde él. Más de trescientas se celebrarán durante el 2008. En febrero, y tras un año en inquietante suspenso, empezó a gestarse el Real Decreto de Regatas y Actos Colectivos Náuticos. Después de un minucioso trabajo en colaboración con la Federación Catalana de Vela, esta nueva norma pretende que las regatas sean más seguras en momentos de peligro. Anteriormente a ella, los responsables de la flota eran los coordinadores de seguridad y en general siempre habían funcionado bien; sin embargo, jurídicamente no quedaba clara esa responsabilidad y las actuaciones que se requerían.
Finalmente, en mayo, cuando entre en vigor dicha ley, la entidad organizadora de la regata o el acto colectivo náutico y su coordinador de seguridad, serán plenamente responsables de cómo se desarrolle el evento y en qué condiciones.
“La Entidad organizadora será responsable jurídicamente de las condiciones para el rescate de regatistas en caso de emergencia, sin perjuicio, por supuesto, de la actuación de Salvamento Marítimo”, dice Valencia. Asegura además que en regatas de muchos barcos participantes, donde la capacidad de socorrer quedaría muy limitada, se escogerá una
serie de embarcaciones participantes a las que se dotará de un equipo adicional. De esta forma, asumirán el compromiso serio de actuar como embarcaciones de rescate auxiliares a las órdenes del coordinador de seguridad de la regata.
Cualquier barco debe socorrer a otro en situación de peligro, según la Ley del Mar. Sin embargo, unas veces por razones de mal tiempo, otras por miedo, y en ocasiones por exigencias en el contrato con el patrocinador, puede que en ciertos casos un barco no acuda al auxilio de otro y esa es
la realidad. Este posible vacío vería su final con la nueva Ley de Regatas y Actos Colectivos.

Además de estarlo profesionalmente, el Capitán Valencia está ligado al mar emocionalmente. Su amigo y compañero Jaime Zaragoza y otros muchos navegantes y regatistas suelen invitarlo a ser tripulante en sus embarcaciones, al igual que el ya desaparecido Avelino Bassols, por el cual Valencia siente un gran aprecio y admiración. Es un deportista más,
por ejemplo, tanto en la Regata Menorca-Sant Joan, o cruzando el Atlántico…. Su compromiso con el mar no puede ser más firme.

Texto: Redacción
Fotos: Marisol G. Nohra
 

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