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Miguel Ángel Puig Torrens es un ciudadano de mar con embarcaciones propias que se mueve por la ciudad con una bicicleta plegable y en el aire lo hizo durante años con acrobacias propias. El deporte lo acompaña siempre.
Se autodefine como “navegante calmado porque el mar enseña a ser prudente, prever situaciones futuras, resolver los apuros sin que nadie ayude”, y para concluir asegura: “como capitán soy bastante duro pero muy claro”. Explica que su tripulación nunca ha sufrido accidentes graves. “Éramos de 8 a 10 personas y en las situaciones vividas en alta mar, en embarcaciones de dimensiones reducidas, se ve la educación de la gente”. Comenta con la seguridad de que al hablar no será contrariado por la experiencia que otorgan los años.
“Soy como los ingleses, considero que a navegar se aprende navegando”. Su carácter práctico también lo utiliza en su vida diaria y la teoría la necesita para tener el título de patrón y el de capitán. “Ahora ya no soy el capitán más joven de España” asegura a sus 67 años, “pero antes lo era con el número 202”. Su sonrisa todavía tiene mucho de juvenil. “Antes era muy complicado sacarse el título de capitán: el temario, los exámenes y los profesores eran muy exigentes, ahora”, inicia sin terminar la frase, y cambia de tercio para continuar en el pasado, lo que conoce: “nosotros estuvimos un año estudiando más de cinco horas diarias, hacíamos los problemas de carrerilla”. Con el título de capitán en la mano le propusieron examinarse de piloto naval, no aprovechando la ocasión. A día de hoy, sólamente le han pedido el título una sola vez. “Fue la guardia civil del puerto de Pollença”, recuerda por lo excepcional de la situación.
Además, se mueve en el aire con la soltura que otorga el título de piloto aviador. Miguel Ángel Puig desafiaba al cielo con acrobacias aéreas y pilotando reactores. Una práctica que fue durante años su tarjeta de presentación en mar, tierra y cielo.
Pasión temprana
Su relación con la mar viene de lejos, sus padres eran nadadores olímpicos y él de pequeño navegaba con ellos a bordo del “Rexouba”, un barco de origen gallego descendiente de la familia Nieto Antúnez. Sabremos que más adelante Miguel Ángel Puig tendrá otra embarcación del mismo nombre, en homenaje a su padre.
“Mi bautizo real con la mar fue en un pura vela, un 6 metros FI de Félix Escalas”. La relación con el Doctor empezó en aquel momento y hoy navegan juntos a bordo del “Nuba”, una embarcación mítica en las regatas del RCNB. “En aquellos momentos éramos jóvenes e íbamos a bordo del “Nose”, tal como suena”, apunta haciendo referencia al nombre del barco. “Ganamos muchas regatas, fue una época bonita de nuestra vida como navegantes”. El “Nose” todavía vive en aguas Baleares, conoce su desenlace porque no le gusta desprenderse del todo de sus embarcaciones.
Socio del RCNB desde hace más de treinta años. Celebra un enlace que comenzó a bordo del “Alcor”, su primera incursión en el Club a cargo del armador Luis de Olano. Después fue tripulante del “Karmatán” de Jacinto Ballesté, y años más tarde volvió a las órdenes de Luis Olano en el “Yanira”.
Echando mano de la memoria, Miguel Ángel Puig recuerda una historia cómica que vivió a bordo del “Karmatán”: “estábamos en el campo de regatas en la Antibes-Mahón y teníamos un invitado de honor en proa, el armador lo mandó a la litera para que dejase de molestar”. Al terminar la regata, el importante oficial anunció en público que aquella era una embarcación muy húmeda, nunca supo que la litera que había elegido no tenía salida de agua. “Estaba literalmente en una piscina”. “En la mar uno se puede reír mucho”, concluye.
Barcos con nombre propio
Experiencias que adquirió para capitanear sus barcos. El primero que tuvo fue un Snipe llamado “Esquitx”, otro que recordaba el “Rexouba” de sus inicios, un “Bara” (Siroco) y posteriormente apareció la saga “Bora” (1 North Wind, 1 Stephens 56 y 1 Swan 47). Los nombres de los barcos siempre tienen una poética especial para su armador, en este caso Bora era él mismo. “Cuando soy capitán, soy además armador y cocinero, me gusta potenciar el buen vivir entre la tripulación”.
Con la vela ha recorrido todo el Mediterráneo, el sur de Inglaterra y las Antillas, de arriba abajo. De todas sus regatas en la mar destaca la Fastnet a bordo del barco que la tripulación española bautizó como “El Monje”. Cumplieron la prueba en siete días menos tres horas, un tiempo considerable que los colocó en una buena posición en la tabla final. Recuerda la experiencia como una situación muy agradable en la que la mar estaba tranquila y la tripulación era de varios lugares del mundo. Siempre se ha dicho que la navegación es una bonita forma de hacer amigos.
Además de ganar durante cuatro ocasiones el Campeonato de Catalunya, “el trofeo que me hizo más ilusión ganar fue el Campeonato de España”. Actualmente corre la Jose Luis Rue y la Menorca Sant Joan realizando buenos tiempos con el “Nuba” que camina muy bien y les da muchas alegrías pero su proyecto de futuro es convencer a Fèlix Escalas para comprar otro barco. “Navegamos con un pura sangre de regatas, necesitamos más espacio pero el Doctor es difícil de convencer”.
En los tiempos que corren, en los que la Barcelona World Race ha invadido las pantallas y las conversaciones en todos los clubes, es inevitable preguntar a un navegante por su percepción de la regata. “Cada mañana me conecto a la web de la competición y miro la posición de los barcos. La BWR está dando a conocer la vela de hoy en día pero también crea falsas expectativas a los jóvenes que comienzan en este deporte porque mantener una embarcación a título privado es muy costoso y mucho más sin tener sponsors”. Como es su caso y continúa: “hasta ahora los sponsors han estado interesados por las figuras que navegaban pero cuando éstas desaparecen también caen las marcas”.
Profesionalmente siempre ha estado vinculado a la industria, actulamente dirige desde Barcelona una multinacional y continúa viva su pasión por el deporte en tierra, mar y aire.
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